Los Guardianes

Ilustraciones de Cristina Meza

El Ajolote florido o Atl-Tlachixqui (el que vigila el agua) es una criatura extremadamente tímida. A diferencia de los filamentos plumosos estandar, sus tres pares de branquias han evolucionado para mimetizar pétalos de Dahlia.

No controla el agua directamente, pero puede calmar corrientes turbulentas o limpiar el agua turbia a su alrededor, creando “zonas de silencio” cristalinas, donde deposita sus semillas acuáticas, las cuales eclosionan en renacuajos que ya portan pequeños botones florales.

Solo aparece en cuerpos de agua que aún conservan un “nucleo vital”. Su presencia es señal definitiva que un ecosistema acuático tiene esperanza de recuperación.

En la columna vertebral crece una estructura vegetal leñosa, comúnmente similar a un Copal o un pequeño Ahuehuete. No parece sufrir por el peso del árbol en su espalda; al contrario, se mueve con una elegancia solemne.

Cuando el bosque está en calma, el Xolo Arbóreo se recuesta al sol y las hojas de su espalda se abren para beber la luz. No es un depredador agresivo, sino disuasorio. Protege su territorio de incendios, plagas invasoras y tala.

La estructura vegetal no es un parásito; es un mutualismo. Las raíces se entrelazan con la columna sin dañar la médula.

Juguetón, astuto y curiosamente civilizado.
El Tlahco-Miztli-Yoalli, como se le conocía en el México Prehispánico, es un trickster (embaucador). Le gusta robar objetos brillantes y dejar flores a cambio.

Similar al cacomixtle estándar, salvo por su pelaje verdoso que parece absorber la luz en lugar de reflejarla. Y en lugar de una cola anillada, posee nueve apéndices caudales prensiles con flores vivas de color rosa; similares a la Bougainvillea.

Es un controlador de plagas espirituales y físicas. Caza insectos nocivos y “malas energías”. Se dice que si un Cacomixtle de Nueve colas se posa en el techo de un hogar, se comerá las pesadillas de los habitantes.

Hiperactivo y valiente. Su cuerpo está cubierto por capas superpuestas de pétalos vivos que se regeneran constantemente. Su veloz aleteo genera una frecuencia vibratoria que descompone particulas de smog y toxinas nocivas, liberando oxígeno.

Se cree que cuando el Colibrí de la brisa (como también es llamado) presiente que su ciclo termina, no muere; estalla en una lluvia de pétalos que fertilizan la tierra, y de las flores surge nuevamente.

Aunque se le ha visto cerca de bosques quemados o zonas deforestadas, debido a su velocidad nunca ha sido capturado. Lo único seguro es que, días después que su sombra haya pasado por encima, nuevos retoños comenzarán a brotar.

Sabio y selectivo. No huye por miedo sino por juicio. Al igual que la Liebre de Inaba perdió su piel y fue sanada. Este ser posee una piel extremadamente sensible que se regenera a través de la floración constante.

Debido a su conexión con el mito de Inaba, este teporingo puede realizar saltos que parecen desafiar la gravedad, “flotando” brevemente sobre las corrientes de aire frío para cruzar grietas volcánicas imposibles.

Su dominio es límite entre la tierra y el cielo. Se dice que custodia los senderos que llevan a las moradas de los dioses antiguos. Mientras el Xoloitzcuicle Arbóreo cuida los bosques y el Axolote de La Corona floral los ríos, el Zacatuche Albo se asegura que el equilibrio entre el fuego del volcán y el frío del cielo se mantenga estable.